
La narrativa sobre la cancelación masiva de 17,000 boletos para el Mundial 2026 es, en gran medida, una noticia falsa que se ha viralizado sin sustento oficial. Aunque es real que existe un activismo digital bajo el hashtag #BoycottWorldCup, impulsado por figuras como el diplomático Mohamad Safa —quien canceló sus entradas en protesta por las políticas migratorias del ICE—, no hay datos de la FIFA que confirmen un abandono masivo de aficionados.
De hecho, la organización reportó recientemente una cifra récord de más de 150 millones de solicitudes de entradas, lo que demuestra que la demanda supera por mucho cualquier intento de boicot aislado.
En la práctica, una supuesta cancelación de 17,000 boletos representaría apenas el 0.01% de la demanda total, y esos lugares serían reasignados instantáneamente a las personas en lista de espera. El movimiento de protesta se alimenta principalmente del temor a las redadas migratorias en Estados Unidos y del alto costo de los boletos, lo que ha llevado a la FIFA a rectificar precios y anunciar entradas de “Categoría 4” desde los 60 dólares para intentar calmar las críticas internacionales.
Así, mientras el activismo en redes sociales es un fenómeno real y visible, el impacto financiero o logístico en el torneo hasta este 13 de enero de 2026 sigue siendo inexistente.

