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Heroica ciudad de Chihuahua, Chih. México
23 de enero 2026

La sinvergüenza | La locura | La egolatría (y lo mamón) | Corral y la huida permanente

La sinvergüenza

Hay que tener una desfachatez monumental para seguir jugando al mártir cuando te aseguran una cabaña de lujo en la Sierra Tarahumara por presuntos actos de corrupción y, todavía, salir a decir que eres un “perseguido político”.

Javier Corral no solo se victimiza, se burla, se ríe de los chihuahuenses. Se carcajea de la inteligencia colectiva. Después de que la Fiscalía Anticorrupción le asegurara “El Rincón”, una propiedad de lujo en Ocampo, a un paso de Basaseachic, no tuvo empacho en desempolvar su viejo libreto, lloriqueos, pataleos, discurso de complot y persecución.

El mismo guion de siempre. El mismo teatro. El mismo cinismo.

Porque resulta que el hombre que en los años noventa dormía en departamentos prestados hoy tiene más propiedades que el nopal. Casas, terrenos, departamentos en Chihuahua, Ciudad de México y Sinaloa. Un patrimonio que, según versiones periodísticas, supera los 83 millones de pesos. Muy lejos, pero lejísimos, de lo que puede juntar un diputado, senador o gobernador con salario público.

Pero Corral insiste, él es la “vístima”.

La locura

La verdadera locura no es que se diga perseguido. La verdadera locura es que desde el poder federal todavía lo defiendan.

Que Morena, que la 4T, que Claudia Sheinbaum y que Andrés Manuel López Obrador sigan cargando con un personaje que hoy es uno de los símbolos más claros de la hipocresía política. Un político que se vendió como paladín de la honestidad y terminó exhibido como un coleccionista de inmuebles.

Hoy la autoridad federal lo protege. Lo arropa. Lo cuida. Lo cobija.
Y con eso, lo único que hacen es regalarle votos a la oposición rumbo al 2027.

Porque en Chihuahua hay una percepción clara, muchos ciudadanos quieren verlo responder ante la justicia. Quieren verlo sentado en el banquillo. Quieren que explique cómo pasó de vivir de prestado a convertirse en una inmobiliaria con patas.

Defender a Corral es un suicidio político. Es una losa electoral. Es una bomba de tiempo.

La egolatría (y lo mamón)

Corral no solo se cree honesto. Se cree superior. Se cree intocable. Se cree predestinado.

Su egolatría es tan grande como su lista de propiedades. Vive convencido de que puede insultar la inteligencia pública y que nada pasará. Que puede nadar en Mazatlán, jugar golf, comer en los mejores restaurantes de la Ciudad de México y empinar el codo con vinos caros mientras posa de víctima.

Y todavía se atreve a decir,
“Están nerviosos y desesperados”.

No, Javier. Nerviosos están quienes te defienden.
Desesperados están quienes cargan con tu lastre.
Preocupados están quienes saben que tu nombre será una piedra en el zapato en las elecciones de 2027.

Porque tu personaje ya no engaña.
Porque tu máscara ya se cayó.
Porque tu discurso ya no alcanza.

Y porque Chihuahua no olvida.

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Corral y la huida permanente

Ya se volvió costumbre. Cada vez que Javier Corral pisa tierras chihuahuenses, tiene que correr.

Lo que debía ser una celebración cultural por el aniversario de su Librería Sándor Márai terminó convertido en una escena incómoda para el exgobernador y hoy senador de Morena, quien este sábado 17 de enero abandonó el evento por la puerta de atrás ante la presión de manifestantes que lo esperaban afuera.

Mantas, consignas y reclamos lo recibieron con la factura pendiente de su sexenio, víctimas, activistas y familiares de personas criminalizadas durante su gobierno. “Corral torturador”, “Corral corrupto”, “Corral responsable”, gritaban.

Adentro había escritores. Afuera había memoria.

Y entre una y otra, Corral hizo lo que mejor sabe hacer cuando vuelve a Chihuahua, salir corriendo, solo que ahora le faltó el sopapo.

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