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23 de enero 2026

Morena, de la regeneración a la descomposición | Daniela Álvarez sube el tono y reta a Pérez Cuéllar | Cuando Taiwán queda pasando Sacramento | Cuando la tragedia se paga con ascensos

Morena,  de la regeneración a la descomposición

Morena prometió limpiar la política mexicana. Hoy es la política la que está exhibiendo a Morena.

El caso de Carlos Torres Torres, exesposo, divorciado de manera exprés,  de la gobernadora de Baja California, investigado por la FGR por presuntos vínculos con una red de narcotráfico, tráfico de armas, extorsión y lavado de dinero, no es una excepción, es el reflejo de un partido que cambió principios por dólares.

Mientras hablaban de austeridad, se movían millones. Mientras predicaban honestidad, operaban empresas fachada. Mientras decían servir al pueblo, cobraban cuotas al crimen organizado.

No es un caso aislado. Es un patrón que se repite en alcaldías, gobiernos estatales, diputaciones, senadurías y campañas políticas. Morena se llenó de políticos que entraron pobres y hoy viven como magnates, protegidos por el poder y blindados por la impunidad.

La transformación se pudrió por la avaricia.

Y hoy Morena no es el partido que prometió cambiar a México, sino otro más que terminó devorado por el dinero y el crimen.

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Daniela Álvarez sube el tono y reta a Pérez Cuéllar

Daniela Álvarez no se anda con rodeos. La presidenta del PAN decidió dejar atrás los discursos tibios y entró de lleno al terreno de la confrontación política contra el alcalde de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar.

El mensaje es claro y sin maquillaje, “Yo lo anuncié desde septiembre: voy a pagar el predial. Ahora dime tú, Cruz, ¿estás listo para correr a todos tus familiares que cobran más de 80 mil pesos al mes en tu gobierno?”

No es un golpe al aire. Es un señalamiento directo al corazón del poder municipal, el nepotismo, los privilegios y la nómina dorada que Morena ha normalizado en los ayuntamientos que gobierna.

Mientras unos hablan de austeridad, otros se reparten sueldazos. Mientras se presume cercanía con el pueblo, se protege a la familia en la nómina pública. Y mientras se exige responsabilidad fiscal, se evade la responsabilidad política.

Daniela Álvarez puso el tema sobre la mesa y lanzó el reto de frente. Sin rodeos, sin discursos largos y sin medias tintas.

Ahora la pelota está del lado de Cruz Pérez Cuéllar.
Porque pagar predial es una obligación.
Pero correr aviadores y acabar con el nepotismo es una prueba de congruencia.

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Cuando Taiwán queda pasando Sacramento

La senadora morenista Ana Lilia Rivera Rivera nos regaló esta semana una joya de la geografía moderna, confundió a Taiwán con uno de los lugares de mayor desarrollo tecnológico… en México. Así, sin escalas ni visa. Taiwán, el gigante asiático de los semiconductores, ahora resulta que anda por ahí entre Querétaro y San Luis Potosí.

Para la senadora, Taiwán debe quedar por donde está el Silicon Valley… pero de Jalisco. O quizá junto al corredor industrial de El Marqués. No sabemos si la confundió con Tijuana, con Tlaxcala o con el Parque Industrial de Puebla, pero lo cierto es que la brújula se le descompuso en pleno discurso.

Y bueno, si Taiwán ya es mexicano, entonces seguramente Japón es una colonia de Aguascalientes, Alemania está en Toluca armando Volkswagen y Suiza debe ser una comunidad rural de Zacatecas famosa por sus relojes.

Con esa lógica, Corea del Sur sería una maquiladora en Ciudad Juárez, Holanda un invernadero en Sinaloa y Dinamarca una granja porcícola en Sonora.

Lo preocupante no es el chiste, es que lo diga una senadora de la República, de esas que legislan tratados internacionales, relaciones exteriores y política comercial. Una representante popular que confunde potencias mundiales con municipios mágicos.

Porque una cosa es no haber viajado…
pero otra muy distinta es no haber abierto nunca un atlas.

Así que ya saben,
Taiwán ya no está en Asia.
Ahora queda pasando la caseta de Sacramento.

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Cuando la tragedia se paga con ascensos

Hay decisiones que lastiman. Y hay decisiones que ofenden.

Que Francisco Garduño, el funcionario que estaba al frente del Instituto Nacional de Migración cuando murieron 40 personas calcinadas en una estación migratoria de Ciudad Juárez, hoy esté libre de cualquier proceso y además haya sido premiado con un cargo en la Secretaría de Educación Pública, no solo indigna, duele.

Duele porque esas 40 personas no murieron por un rayo ni por un temblor. Murieron encerradas, olvidadas, custodiadas por un Estado que tenía la obligación de protegerlas. Murieron porque alguien no hizo su trabajo. Porque alguien decidió mirar hacia otro lado.

Y hoy ese alguien está sentado en una oficina pública, cobrando un sueldo, firmando documentos y representando al gobierno.

La diputada Alma Portillo tiene razón cuando dice que este es un precedente peligrosísimo. Porque el mensaje es claro, aquí no importa cuántas vidas se pierdan, si estás del lado correcto del poder, no pasa nada. Aquí la tragedia se archiva y la negligencia se premia.

No podemos aceptar que 40 personas muertas se paguen con una disculpa y un ascenso. No podemos normalizar que la impunidad sea la nueva política pública.

Un país que premia a quien carga con muertos, no está transformándose, está perdiendo y se le está apestando el alma.

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