
Los primeros en caer, los trabajadores
Seguramente muchos de los hoy despedidos estaban en el lugar equivocado, en el momento equivocado y en la empresa equivocada y, serán los primeros en pagar las consecuencias.
Mientras analistas y voceros hablan de “incertidumbre”, de “cargas laborales” o de ajustes empresariales, la realidad es brutal y simple, más de 10 mil familias en Ciudad Juárez se quedan sin empleo. Siete compañĂas exportadoras se van en cuestiĂłn de dĂas, algunas sin liquidar, dejando detrás guardias improvisadas, trabajadores desesperados y hogares sin ingreso.
Se habla de razones tĂ©cnicas, de presiones internacionales, de costos que ya no cuadran. Todo eso puede discutirse en mesas econĂłmicas. Pero lo que no aparece en esas gráficas son los refrigeradores vacĂos, las colegiaturas que ya no se podrán pagar y las rentas que se vuelven impagables de un dĂa para otro.
Como bien advierten abogados laborales, cuando una empresa quiebra o decide irse, muchas veces simplemente levanta sus máquinas y abandona a su gente. AsĂ, sin más. El golpe no lo resienten los consejos directivos ni los funcionarios, lo resienten los obreros, las madres jefas de familia, los jĂłvenes que apenas empezaban.
Ciudad Juárez vuelve a ser termĂłmetro de algo más grande, de una economĂa frágil, de inversiones que ya no se sienten seguras y de un modelo donde el trabajador siempre queda al final de la fila.
Hoy no hacen falta discursos ni excusas. Hace falta una respuesta real del Estado para proteger empleos, garantizar liquidaciones y acompañar a miles de personas que, sin haber cometido delito alguno, amanecieron con una sola noticia, ya no hay trabajo.
Porque, una vez más, los primeros en caer no son los responsables. Son los de siempre.
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Cuando el Estado también empuja al precipicio
A la tormenta perfecta hay que sumarle un factor que pocos quieren señalar de frente, el papel del gobierno federal.
Mientras miles de trabajadores en Ciudad Juárez pierden su empleo, desde el centro del paĂs se impulsan incrementos salariales sin respaldo productivo, se endurece la polĂtica recaudatoria y se ejerce un verdadero terrorismo fiscal contra empresas y contribuyentes. La fĂłrmula es simple, más cargas, menos incentivos y cero certidumbre jurĂdica.
El resultado está a la vista. Inversiones que dudan, maquiladoras que se van y cadenas productivas que se rompen.
Pero el problema no termina ahĂ. Hoy el poder está concentrado como nunca. Ejecutivo, Legislativo y Judicial caminan bajo una misma lĂnea, cancelando contrapesos y enviando un mensaje demoledor a los mercados, en MĂ©xico ya no hay equilibrio institucional. Y cuando no hay equilibrio, tampoco hay confianza.
Se gobierna desde el discurso social, pero se ignora el impacto real en la economĂa. Se habla de justicia laboral mientras se asfixia a quienes generan empleo. Se presume estabilidad mientras las ciudades fronterizas se vacĂan de industria.
Ciudad Juárez vuelve a ser la primera en resentirlo, pero no será la última.
Porque cuando el gobierno decide apretar sin medir consecuencias, los capitales se van… y los trabajadores se quedan. Sin fábrica, sin liquidación y sin futuro inmediato.
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Hoy más que nunca, hacemos un llamado urgente a las autoridades laborales para que, en conjunto con las cámaras patronales, se sienten a la mesa y construyan acuerdos reales. Si todavĂa queda una vela encendida, que no se apague por omisiĂłn o burocracia.
Es momento de tocar puertas, de hablar con los corporativos y de hacer todo lo posible para retener inversiones y, sobre todo, preservar empleos. Porque detrás de cada maquila que cierra hay familias completas esperando una respuesta.
Aún hay margen para actuar. Pero el tiempo corre. Y Ciudad Juárez no puede darse el lujo de perder más trabajos.

