Heroica ciudad de Chihuahua, Chih. México
31 de enero 2026

IMSS Morelos, de nuevo | Cuando la clase política pelea… y la gente se muere | Los muertos no votan

IMSS Morelos, de nuevo

Esta semana, el IMSS Morelos volvió a colocarse en el centro de la indignación pública. No por una mejora en el servicio, no por avances médicos, sino por dos historias que retratan con crudeza lo que muchos derechohabientes viven en silencio todos los días.

Un paciente está a punto de perder una pierna.
Otro, con un tumor cerebral diagnosticado desde hace medio año, hoy ya no camina, ya no escucha y está perdiendo la vista.

Sus palabras son demoledoras:

“Ayúdenme a exponer mi caso por favor. Me encuentro en Cd. Chihuahua. He sido tratado de manera inhumana y hostil por parte del IMSS. Tengo un tumor cerebral, me diagnosticaron hace medio año y ese medio año ha sido el más difícil de mi vida. Se me ha negado la cirugía. El tumor me está causando graves y grandes problemas, ya no camino, no escucho y voy perdiendo la vista gradualmente. Ayuda por favor.”

No es un caso aislado. Tampoco una excepción. Es el resultado de un sistema que parece haber normalizado la negligencia médica, la dilación de tratamientos y la indiferencia institucional.

Aquí ya no estamos hablando de filas largas o citas tardías. Estamos hablando de vidas que se deterioran mientras los expedientes pasan de escritorio en escritorio. De pacientes que empeoran mientras “no hay especialista”, “no hay agenda”, “no hay autorización” o “espere su turno”.

La pregunta es incómoda, pero necesaria,
¿cuántas extremidades más se tienen que perder?,
¿cuántas personas más deben quedar discapacitadas?,
¿cuántos tumores deben avanzar sin cirugía para que alguien asuma responsabilidades?

Porque cuando un paciente llega al punto de perder movilidad, audición o vista por falta de atención oportuna, eso ya no es saturación del sistema, es negligencia.

El IMSS Morelos no puede seguir escudándose en la alta demanda o en la falta de recursos. La salud no admite pretextos administrativos. Cada día de retraso en un diagnóstico o en una cirugía puede significar un daño irreversible.

Hoy lo que falta no es solo presupuesto. Falta voluntad. Falta sensibilidad. Falta urgencia.

Y mientras eso no cambie, el instituto seguirá acumulando historias de dolor que nunca debieron existir.

Porque en un país que presume acceso universal a la salud, ningún paciente debería estar suplicando atención médica por redes sociales.

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Cuando la clase política pelea… y la gente se muere

Diputados locales, diputados federales, senadores y alcaldes se comportan como si estuvieran en una eterna riña de vecindad. Ya ni siquiera se ven como adversarios políticos, hoy se tratan como enemigos personales.

Todos los días es la misma escena.
Que si el nepotismo.
Que si los baches.
Que si el predial.
Que si quién dijo qué.
Que si quién golpea más fuerte en redes.

Un circo permanente.

Mientras tanto, allá afuera, la gente espera una cirugía.
Pierde movilidad.
Pierde la vista.
Pierde una pierna.
Y en muchos casos, pierde la vida.

Pero eso no genera likes. Eso no sirve para la guerra de egos.

Lo verdaderamente grave, la salud, quedó fuera de la agenda. No es prioridad. No da votos inmediatos. No alimenta narrativas.

Porque seamos honestos,
¿usted cree que los diputados y senadores de Morena van a criticar al IMSS o al ISSSTE ?
¿o que los diputados locales y senadores del PAN van a señalar a MediChihuahua o a pensiones?

Claro que no.

Cada quien cuida su parcela. Cada quien protege su sigla. Cada quien tapa las miserias del gobierno que le conviene.

Y así, entre silencios cómplices y discursos selectivos, los políticos se vuelven expertos en simular indignación… pero incapaces de defender a un paciente.

Hablan de transparencia, pero esconden la tragedia.
Hablan de justicia social, pero ignoran al enfermo.
Hablan de humanismo, pero voltean la cara cuando alguien suplica atención médica.

La política se convirtió en una pelea de comadres, mientras los temas verdaderamente humanos se archivan.

Hoy los legisladores prefieren gastar saliva en pleitos partidistas que usar su tribuna para exigir médicos, especialistas, cirugías y tratamientos oportunos.

Y mientras ellos juegan a la grilla, la gente sufre, duele… y llora a sus muertos.

Eso es lo verdaderamente imperdonable.

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Los muertos no votan

Porque mientras unos políticos sienten que se les va el hueso.
Otros ya lo saborean.

Y mientras unos se aferran al cargo y otros hacen fila para llegar, hay algo que queda claro ¡óigalo bien! y va de nuevo si hace falta, a ningún político le importa su salud.

No están discutiendo cómo salvar vidas.
Están calculando cómo sumar votos.

Porque en la lógica perversa del poder, el paciente no cuenta. Cuenta la encuesta. Cuenta la narrativa. Cuenta la foto. Cuenta el acomodo político.

La enfermedad no entra en sus agendas estratégicas.

Hoy la clase política vive atrapada en su propio juego, pactos, pleitos, simulaciones. Hablan de acuerdos, pero no acuerdan nada útil. Presumen gestión, pero no gestionan soluciones. Se dicen representantes del pueblo, pero actúan como administradores de intereses.

La salud se volvió un tema incómodo. No genera aplausos inmediatos. No produce capital electoral. Y por eso se posterga, se minimiza o se esconde bajo tecnicismos.

A ver si algún día aparece un paladín que se atreva a romper esa inercia. Alguien que ponga en jaque al sistema y obligue a trabajar de verdad a las instituciones de salud. Alguien que entienda que gobernar también es hacerse cargo del dolor.

Pero pedir eso parece demasiado.

Porque hoy tenemos más operadores políticos que servidores públicos. Más estrategas electorales que defensores de pacientes. Más simuladores que líderes.

Y mientras ellos hacen cuentas, la gente hace filas.

Mientras ellos reparten culpas, las familias reparten despedidas.

Esa es la tragedia.

En este país, la política corre… pero la salud camina.
Y al final, lo único que no entra en las urnas es la muerte.

Porque los muertos no votan.

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