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Heroica ciudad de Chihuahua, Chih. México
17 de febrero 2026

El oportunismo tiene nombre | Manifestarse ya se volvió costumbre | La austeridad termina donde empieza la nómina | El macanazo de la CFE

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El oportunismo tiene nombre

El mensaje de la delegada de Bienestar, Mayra Chávez, fue más que una aclaración, fue un derechazo político en seco contra el oportunismo. Porque cuando se ve la necesidad de advertir que los programas sociales no deben usarse con fines personales, es porque alguien ya intentó convertirlos en plataforma propia. Y en este caso, el señalamiento apunta directo a la senadora Andrea Chávez.

Hay algo profundamente mezquino en querer adueñarse de lo que no es suyo. Los apoyos sociales no son trofeos políticos, ni propaganda con rostro personal, ni mucho menos herramientas para construir candidaturas anticipadas. Son recursos públicos, no escalones privados.

Andrea Chávez no está entregando favores. No salen de su bolsa. No le pertenecen. Pretender que la gente asocie su nombre con esos apoyos no es gestión, es oportunismo puro. Es la vieja práctica de disfrazar el dinero de todos como si fuera capital político propio.

Mucho ojo, cuando un político necesita colgarse del Bienestar para posicionarse, lo que revela no es fuerza, sino carencia. Carencia de resultados, carencia de méritos , carencia de límites y, sobre todo, carencia de iniciativas que, para eso se le contrató.

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Manifestarse ya se volvió costumbre

Que un operador del transporte urbano sea agredido no es cosa menor. Es grave, es inaceptable y merece toda la atención de las autoridades. Nadie que salga a trabajar debería regresar con una herida, mucho menos con un arma blanca de por medio. Eso no está a discusión.

Lo que sí empieza a llamar la atención es la rapidez con la que aparecen las manifestaciones… incluso cuando el propio municipio asegura no tener reportes formales de agresiones en las últimas horas y mantiene un programa de acompañamiento con patrullas en rutas conflictivas. Es decir, hay canales, hay presencia y hay disposición institucional.

Entonces surge la pregunta incómoda, ¿se está denunciando para resolver… o se está protestando para presionar?

Cuando las manifestaciones se vuelven costumbre, pierden fuerza como reclamo legítimo y empiezan a oler más a estrategia que a urgencia. La seguridad no se construye con bloqueos ni con presiones mediáticas, sino con denuncias formales y coordinación real.

La causa es legítima. Nadie lo duda. Pero cuando el ruido supera a los hechos, y la protesta llega antes que la denuncia, lo que se debilita no es el gobierno… es la credibilidad de quien protesta.

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La austeridad termina donde empieza la nómina

Max Arriaga hablaba de transformación, de conciencia y de principios. Pero mientras predicaba austeridad desde el discurso, en los hechos cobraba 1 millón 643 mil pesos al año como director general de Materiales Educativos de la SEP. Nada mal para alguien que presume desprecio por el dinero… siempre y cuando llegue puntual cada quincena.

La austeridad, al parecer, es una virtud que se defiende mejor desde un cargo bien remunerado. Porque mientras el sueldo estuvo intacto, no hubo indignación. No hubo ruptura. No hubo escándalo. Hubo silencio… y el depósito cada quincena, claro.

Su enojo no nace de una revelación moral. Nace de una pérdida económica. Porque es fácil amar la revolución cuando también se ama la nómina. Y es todavía más fácil descubrir convicciones profundas justo el día que se acaba el ingreso.

Al final, la austeridad es muy romántica… hasta que te la aplican a ti y descubres que sin nómina, la revolución pierde encanto.

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El macanazo de la CFE

Este bimestre, los recibos de la luz no llegaron, golpearon. Y golpearon fuerte.

Porque aunque en Chihuahua el frío cala hasta los huesos, si a usted se le ocurrió prender el mini split en modo calor, un calentón eléctrico o cualquier aparato para no congelarse dentro de su propia casa, la CFE no perdona. El medidor no entiende de clima, entiende de consumo. Y el consumo se cobra… caro.

Aquí la ironía es brutal, en verano lo castigan por no asarse, y en invierno por no congelarse. El mensaje es el mismo todo el año, sobrevivir térmicamente tiene precio. Y no es barato.

Así que si este bimestre su recibo llegó pesado, no es error. Es el recordatorio puntual de que en este país, hasta el derecho básico de estar cómodo en su propia casa se convirtió en un lujo que la CFE factura sin piedad.

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