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Lo que brilla son los trabajos donde lo único que tienes que hacer es sentarte y fingir que prestas atención. Porque si te cachan dormido o jugando papel, tal vez te hagas viral en redes… pero no habrá sanción grave. ¡Ay, quién no quisiera ser diputado!
Lo que huele es que esos trabajos “sencillos” se recompensan con miles y miles de pesos, y eso sin contar los bonos y viáticos que vienen de regalo.
Lo que apesta es tener a actores, futbolistas y comediantes al frente del poder legislativo. La verdad, no sé quién pensó que se tomarían en serio su trabajo, porque en la práctica solo tenemos diputados que quieren darse un tiempo libre… ¡pero en la Casa de los Famosos!
