
Chihuahua no le importa a Morena
Otra vez la misma historia, el gobierno federal promete, anuncia programas, presume apoyos y, cuando llega la hora de cumplir, no hay dinero.
Ayer lunes por la mañana los productores de frijol de Chihuahua tuvieron que bloquear el boulevard Juan Pablo II y tirar su propia cosecha en la calle frente a Segalmex para ver si asà alguien en el gobierno se digna a escucharlos.
Y todo por algo que el propio gobierno anunciĂł, pagar el frijol a 27 pesos dentro del programa de ingreso objetivo.
Pero cuando los productores llegaron a entregar su cosecha, la respuesta o excusa fue la que ya parece marca registrada del gobierno federal:
“los recursos se acabaron”.
AsĂ, sin más.
Mientras tanto, en otros estados sĂ hubo dinero, Zacatecas con 150 mil toneladas y Durango con 45 mil.
ÂżY Chihuahua?
Peleando por apenas 3 mil toneladas para pequeños productores que ni siquiera han recibido el ingreso que esperan desde Navidad.
Para colmo, desde la oficina local todavĂa se atreven a insinuar que algunos solicitantes ni siquiera son productores reales.
Es decir, el campesino siembra, se encomienda a la lluvia, trabaja meses la tierra, levanta la cosecha… y todavĂa tiene que demostrar que no está mintiendo.
Lo que pasĂł ayer en el Juan Pablo II no fue un simple bloqueo.
Fue el retrato perfecto de cómo el gobierno federal sigue viendo al campo, como si los productores fueran chiquitos… y orejones.
Pero hay algo que el gobierno parece no entender.
El productor puede aguantar sequĂas, heladas y malos precios…
lo que ya no aguanta es la burla.
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Constancia de Rafa Loera
En polĂtica las carreras largas suelen premiar la constancia.
La más reciente encuesta de Massive Caller vuelve a mover el tablero dentro del PAN rumbo a la alcaldĂa de Chihuahua. El fiscal CĂ©sar Jáuregui se mantiene en el primer lugar, pero Rafa Loera aparece ya en el segundo sitio, cada vez más cerca de la punta.
No es un dato menor.
Loera ha mantenido un ritmo constante, paso a paso, incluso en momentos donde los nĂşmeros no parecĂan favorecerle. Hoy esa persistencia comienza a reflejarse en las mediciones.
Las campañas internas muchas veces arrancan con favoritos claros, pero también están llenas de ejemplos donde el que empieza atrás avanza, empata y termina ganando.
La polĂtica no se define en un solo momento, sino en la acumulaciĂłn de posicionamiento, presencia y trabajo polĂtico.
Por lo pronto, los números más recientes muestran algo evidente:
La distancia se acorta.
Rafa no ve el escenario estático, al contrario, sabe y aplica que para ganar una contienda electoral lo más efectivo además de la contundencia, es la constancia, la velocidad y no dejar de moverse.
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La ciudad que se queja de todo
Hay algo muy curioso en nuestra sociedad, si no se hacen obras, nos quejamos… y si se hacen, también.
Durante años escuchamos el mismo reclamo, que el tráfico es insoportable, que faltan puentes, que las vialidades ya no dan para más, que la ciudad creció y la infraestructura se quedó chica. Pero basta con que empiece una obra para que aparezca el coro indignado: “¿por qué están cerrando?”, “qué desorden”, “por qué no lo hacen de noche”, “todo lo hacen mal”.
Ahora ocurre con la nueva gaza de incorporaciĂłn que conectará la avenida TeĂłfilo Borunda con el PerifĂ©rico de la Juventud. Una obra pensada para aliviar uno de los puntos de tráfico más cargados de la ciudad, pero que inevitablemente implica cierres, excavaciones, reubicaciĂłn de lĂneas de agua y maquinaria trabajando.
Y entonces aparece la otra cara del ciudadano, el que parece creer que los puentes se construyen como por magia. Como si hoy no hubiera nada y mañana amaneciera el arco terminado, perfectamente colocado, sin polvo, sin cierres y sin una sola molestia.
La realidad es otra.
Las obras requieren tiempo.
Requieren maquinaria.
Requieren cierres viales.
Y sĂ, requieren paciencia de la gente.
Pareciera que algunos piensan que la ciudad debe transformarse sin que ellos tengan que poner absolutamente nada de su parte. Ni salir 20 minutos antes. Ni tomar una vĂa alterna. Ni reducir la velocidad al pasar por una zona de obra.
Nada.
Queremos ciudades modernas, pero con mentalidad de comodidad inmediata.
La paradoja es brutal, criticamos cuando el gobierno no construye infraestructura, pero cuando finalmente se hace, nos comportamos como si fuera una agresiĂłn personal.
Las obras públicas, por definición, generan molestias, pero también generan beneficios, menos tráfico, traslados más rápidos y mejor movilidad para miles de familias.
La pregunta es simple:
Âżqueremos ciudades que avancen o ciudades donde todo siga igual para no incomodarnos un rato?
Porque si algo queda claro cada vez que inicia una obra es que muchos quieren progreso… pero sin polvo, sin tráfico y sin esperar un solo dĂa.

