
H. Cd. de Chihuahua.- En San Juan Chamula, un municipio indĂgena de Chiapas, el consumo de Coca-Cola ha alcanzado niveles extraordinarios, con un promedio estimado de más de dos litros diarios por persona, lo que lo coloca como uno de los más altos del mundo. Detrás de esta cifra se encuentra una realidad compleja marcada por la escasez de agua potable, el abandono institucional y la fuerte presencia de estrategias de mercadotecnia adaptadas a la regiĂłn. A ello se suma un fenĂłmeno cultural singular: la integraciĂłn del refresco en rituales religiosos, donde se utiliza durante ceremonias y se le atribuyen propiedades espirituales, como la capacidad de expulsar malos espĂritus.
Esta práctica tiene raĂces histĂłricas que se remontan a la llegada de misioneros en el siglo XX, quienes promovieron el reemplazo de bebidas tradicionales como el “pox” por refrescos de cola en contextos ceremoniales. Sin embargo, el impacto de este cambio va más allá de lo simbĂłlico. Especialistas advierten que el alto consumo de bebidas azucaradas ha contribuido a una crisis de salud en la regiĂłn, donde la diabetes tipo 2 figura entre las principales causas de muerte. La comunidad enfrenta asĂ una doble carga: desnutriciĂłn y obesidad, en un entorno donde factores econĂłmicos, culturales y sociales han convertido a la Coca-Cola en una presencia cotidiana difĂcil de sustituir. (En Blanco y Negro)

