
El escándalo de las calcas
México vive tiempos complicados.
Mientras millones de ciudadanos salen todos los dĂas a trabajar con miedo, con coraje o simplemente con resignaciĂłn, los problemas reales siguen creciendo como bola de nieve.
El narcotráfico controla regiones enteras del paĂs.
Hay comunidades donde el gobierno no manda, manda el crimen.
Las desapariciones siguen aumentando, los homicidios ya casi dejaron de sorprender y las madres buscadoras hacen el trabajo que las autoridades no pudieron o no quisieron hacer.
La delincuencia golpea todos los dĂas. Asaltos, cobros de piso, robos en carretera, fraudes, extorsiones telefĂłnicas y violencia que ya forma parte de la rutina nacional.
En muchas ciudades la gente ya no pregunta si hubo balacera, pregunta dĂłnde fue.
Los precios están por las nubes.
La tortilla, la carne, el huevo, la gasolina, las rentas, todo cuesta más.
El ciudadano trabaja más y le alcanza menos.
La clase media sobrevive endeudándose y los pequeños negocios cierran mientras el discurso oficial presume “bienestar”.
Las carreteras parecen zonas de guerra. Baches, tramos destruidos, falta de mantenimiento y caminos inseguros donde viajar ya no solo es incómodo, también peligroso.
Mover mercancĂas cuesta más y eso termina pegándole otra vez al bolsillo del ciudadano.
Y sĂşmele el sistema de salud rebasado. Hospitales saturados, falta de medicamentos, citas eternas y familias enteras organizando rifas para pagar tratamientos.
La educaciĂłn pĂşblica con escuelas deterioradas, el campo abandonado, la crisis del agua, el transporte pĂşblico insuficiente y la corrupciĂłn que simplemente cambiĂł de colores pero no desapareciĂł.
Ese es el México real.
El México que vive la gente.
¿Y en qué tema se clava la presidenta?
En unas calcas gringas pegadas en patrullas de Chihuahua.
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A ustedes ni los conozco
La gobernadora Maru Campos anda de gira por la CDMX concediendo entrevistas, sonriendo para cámaras nacionales y atendiendo micrĂłfonos capitalinos como si estuviera en campaña presidencial, acá en Chihuahua más de un reportero siente que para Ă©l, ni para el “buenos dĂas” alcanza.
Por eso explotĂł un meme en redes sociales, se ven reporteros locales cabizbajos, con los micrĂłfonos tambiĂ©n abajo, viendo cĂłmo la mandataria reparte entrevistas en medios nacionales mientras aquĂ, segĂşn el chiste, les cierran la puerta en las narices.
Para los medios nacionales, todo.
Para los locales, “Déjenos su número y luego vemos”.
PolĂticamente tiene lĂłgica buscar reflectores nacionales, allá están los encabezados grandes, los proyectos futuros y el posicionamiento rumbo a lo que venga, el problema aparece cuando los medios que cubren todos los dĂas, los que están en el calor, en la calle, en las crisis, sienten que solo sirven para cubrir agendas banqueteras apresuradas.
El meme terminĂł retratando algo muy mexicano, el polĂtico que se toma selfies con los de fuera mientras deja en visto a los de casa.
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Sin hacer ruido, Rafa Loera
Hay quienes creen que todo se gana a gritos, con guerra sucia, con espectaculares, con encuestas infladas o apareciendo diario en redes sociales aunque sea para pelearse con alguien.
Y luego está el otro estilo.
Más frĂo.
Más calculado.
Más peligroso polĂticamente.
Ahà es donde empieza a entrar el nombre de Rafa Loera, sin estridencias, sin entrarle a la grilla barata y sin venderse como “el salvador”, poco a poco ha ido avanzando en el tablero rumbo a la candidatura del PAN a la presidencia municipal.
Y lo interesante no es solo que avance, es cómo lo está haciendo.
Mientras otros se desgastan peleando, filtrando golpes o queriendo brincar etapas, Rafa parece haber entendido algo fundamental de la polĂtica moderna,
la gente ya está cansada del polĂtico escandaloso.
Aunque para algunos eso parezca aburrido mediáticamente, electoralmente suele funcionar muchĂsimo más de lo que muchos creen.
Hoy, dentro del panismo, el nombre de Rafa Loera ya no aparece como ocurrencia ni como apuesta lejana.
Empieza a mencionarse como posibilidad seria.
Con estrategia.
Con paciencia.
Y sobre todo, con algo que en polĂtica vale oro, constancia y muchas candidaturas no se ganan con el aplauso más fuerte, sino con el trabajo más ordenado.

