
LA GASOLINA DEL BIENESTAR
QuĂ© cosas tiene la vida. Tanto nos dijeron que con las refinerĂas de la transformaciĂłn ya no Ăbamos a depender del extranjero, que MĂ©xico serĂa casi casi Arabia Saudita con huaraches, que extraer petrĂłleo “no tenĂa ninguna ciencia” y que hasta la gasolina iba a bajar y, mĂrenos ahora, haciendo filas, buscando estaciones abiertas y rezando para que alcance aunque sea para llegar al trabajo.
Pero eso sĂ, la explicaciĂłn oficial nunca falta. Que si fue Irán, que si el conflicto internacional, que Trump la tiene escondida, que si el mercado, que si la logĂstica, que si el huachicol. El mexicano ya no sabe si cargar gasolina o estudiar geopolĂtica internacional antes de prender el carro, porque segĂşn nos la vendieron, ya Ă©ramos autosuficientes, inmunes a las crisis mundiales y prácticamente una potencia energĂ©tica. Resulta que no. Que seguimos igual o peor, pero ahora con mañanera incluida.
Y la ironĂa más grande es esa, mientras prometĂan que con Dos Bocas y las refinerĂas “del pueblo” instaladas en USA jamás habrĂa escasez, hoy tenemos exactamente las dos cosas que juraron desaparecer: gasolina cara y gasolina escasa. Pero tranquilos, seguramente mañana nos explicarán que en realidad no faltĂł gasolina que lo que pasa es que el pueblo está cargando demasiado por culpa del neoliberalismo.
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EL VIRUS DE LA SOBERBIA
ÂżSe ha preguntado cuál es el comĂşn denominador de tantos polĂticos emproblemados en MĂ©xico?
Muchos dirán que el enriquecimiento ilĂcito. Y sĂ… pero no siempre.
Otros responderán que las relaciones con el narco. TambiĂ©n… pero tampoco es la raĂz de todo.
La verdadera enfermedad suele ser otra, la soberbia.
Esa soberbia que poco a poco los transforma. Los hace sentirse intocables, dueños del presupuesto, amos de la verdad y patrones de ciudades, estados o hasta del paĂs entero. Empiezan creyendo que administran un gobierno y terminan convencidos de que el gobierno les pertenece. Ya no escuchan, ya no aceptan crĂticas y mucho menos toleran que alguien los contradiga.
– [ ] AhĂ es donde comienza la caĂda. Porque el polĂtico soberbio pierde piso. Se rodea de aplausos falsos, confunde miedo con respeto y cree que el poder será eterno. En MĂ©xico hemos visto desfilar decenas asĂ, algunos terminaron huyendo, otros en tribunales, unos en el bote y varios más convertidos en caricaturas de sĂ mismos, al final, el poder no destruye personas, solamente exhibe lo que realmente eran.
ÂżQuĂ© polĂtico se le vino a la mente?
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El horno no está para bollos
La SecretarĂa de Seguridad PĂşblica del Estado informĂł que la empresa Grupo Especial Mamba Negra, S. de R.L. de C.V., mencionada recientemente en publicaciones periodĂsticas, no tiene ni tuvo contratos o vĂnculos de colaboraciĂłn con el Gobierno del Estado. Además, asegurĂł que el subsecretario del Sistema Penitenciario, Ricardo Fernández Acosta, no enfrenta investigaciones ni señalamientos formales relacionados con dicha empresa y que su relaciĂłn con ella fue Ăşnicamente mercantil antes de integrarse al servicio pĂşblico. La dependencia agregĂł que la compañĂa aparece como inactiva ante Hacienda desde hace años y que cualquier asunto administrativo ya fue atendido ante las instancias correspondientes.
Hasta ahĂ, el comunicado oficial.
Pero el problema para cualquier gobierno hoy, ya no es lo que dice, sino lo que la gente ya no está dispuesta a creer automáticamente, el horno no está para bollos, MĂ©xico entero vive una Ă©poca donde cada vez que aparece una empresa rara, un funcionario señalado o una relaciĂłn “mercantil previa”, la ciudadanĂa ya sabe cĂłmo empieza la pelĂcula, primero el “no pasa nada”, luego el “todo está aclarado” y finalmente semanas despuĂ©s aparecen documentos, fotos, contratos o versiones que obligan a cambiar el discurso.
Por eso, si realmente no existe nada irregular, el Gobierno del Estado deberĂa entender que los tiempos ya cambiaron. Ya no basta un comunicado frĂo redactado por jurĂdico. Hoy se necesitan pruebas completas, expedientes abiertos y explicaciones claras frente a los medios locales y no en entrevistas en la CDMX.
Y cuidado con cometer el error más viejo del poder, creer que administrando silencios el tema se va a apagar solo.
Chihuahua ya vio recientemente cómo un asunto aparentemente controlable terminó creciendo nacionalmente cuando las dudas comenzaron a multiplicarse más rápido que las respuestas. Los escándalos modernos no explotan por la acusación inicial; explotan cuando la gente percibe que alguien intentó esconder algo.

