
Aguas… los orígenes no se olvidan
El triunfo del PRI en Coahuila dejó una imagen que no pasó desapercibida en Chihuahua, el entusiasmo mostrado por Santiago de la Peña.
Y ahí fue donde más de un panista de cepa levantó la ceja.
Porque una cosa es reconocer un resultado electoral y otra transmitir una emoción que, para algunos, recordó más al político formado en el PRI que busca convertirse en candidato del PAN.
Los comentarios no tardaron en aparecer. Sobre todo porque Santiago de la Peña no es un funcionario cualquiera; es uno de los nombres que suenan para la alcaldía de Chihuahua.
Cuando un posible candidato panista parece celebrar con tanto ánimo una victoria priista, es inevitable que algunos dentro del propio PAN se pregunten si fue un simple análisis político… o un reflejo de sus orígenes.
Mucho más cuando quien aspira a convertirse en candidato del PAN termina provocando que sean precisamente los panistas quienes comiencen a preguntarse dónde está realmente su entusiasmo político.
———-
Cuando perder ya no es perder
Vaya nivel de descaro el que mostraron algunos voceros y simpatizantes de Morena tras la derrota en Coahuila.
La nueva narrativa es que no perdieron nada porque no tenían nada que perder.
¿En serio? Entonces los millones de pesos invertidos en campañas, promoción, movilización, estructura, propaganda y operación política, ¿qué fueron? ¿Dinero de utilería? ¿Billetes de Monopoly?
Es muy fácil minimizar una derrota cuando el dinero no sale de tu bolsillo.
Cuando son recursos públicos los que financian a los partidos políticos, cuando son los ciudadanos quienes sostienen con sus impuestos el sistema electoral y cuando decenas o cientos de personas trabajan durante meses para intentar ganar una elección, decir que “no se perdió nada” no es una muestra de optimismo político; es una muestra de soberbia y desconexión con la realidad.
Porque sí se pierde, se pierde tiempo, se pierde esfuerzo, se pierde credibilidad y se pierde una oportunidad política que se buscó durante meses.
Claro que perdiste. Perdiste el dinero del boleto, la apuesta y la oportunidad de ganar.
La diferencia es que cuando un ciudadano compra un cachito, pierde dinero de su bolsillo. Cuando algunos políticos pierden una elección, el dinero invertido no era suyo.
———-
La política tiene una memoria incómoda.
Desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum minimiza las manifestaciones convocadas en el marco del Mundial de Futbol y asegura que cualquier acto de violencia buscaría provocar una reacción represiva de su gobierno. Además, sostiene que no existen problemas que justifiquen tales movilizaciones.
Curiosa postura, porque no hace muchos ayeres, quienes hoy gobiernan pensaban exactamente lo contrario. Cuando estaban en la oposición, las calles eran el escenario legítimo para expresar inconformidades. Las marchas eran una herramienta de presión política. Los plantones eran actos de resistencia. Y las protestas eran la voz del pueblo frente al poder.
Entonces las manifestaciones eran democracia, hoy parecen ser una molestia.
Resulta difícil olvidar que gran parte del movimiento que llevó a Morena al poder se construyó precisamente a través de marchas, bloqueos, protestas y movilizaciones permanentes. Lo que antes era participación ciudadana, ahora parece ser interpretado como provocación.
La verdadera prueba de un gobierno no es cómo administra los aplausos, sino cómo tolera las críticas.
Porque si ayer manifestarse era un derecho sagrado y hoy se ve con sospecha a quienes salen a las calles, entonces el problema no está en las protestas, está en la memoria.
Y es que el poder suele provocar un fenómeno muy peculiar, convierte rápidamente a los manifestantes de ayer en los funcionarios incómodos de hoy.
La diferencia es que cuando Claudia Sheinbaum marchaba junto a su movimiento, exigía ser escuchada. Hoy hay miles de mexicanos que piden exactamente lo mismo.

