
Los semáforos que exhibieron a Chihuahua
Hay una escena que se repite prácticamente todos los días en el noticiario de Jorge Sánchez por La Norteñita. Todavía no amanece por completo y ya empiezan a llegar los primeros mensajes de hombres y mujeres que salieron temprano a trabajar. ¿La primera queja del día? Semáforos descompuestos.
Es casi una rutina. Antes de hablar de política, del clima o de cualquier otro tema, aparecen los reportes ciudadanos de cruceros donde los semáforos no funcionan, parpadean, generan caos o simplemente están apagados. La gente no se queda callada, con un enorme sentido cívico toma el teléfono, envía la ubicación y exige que alguien haga algo antes de que ocurra una tragedia.
Por eso llama tanto la atención lo ocurrido en Villa Ahumada, Una población por mucho, más pequeña que Chihuahua capital, que acaba de estrenar hace dos meses sus primeros semáforos modernos sobre la Carretera Panamericana. No fue un lujo ni un capricho, se instalaron para administrar mejor el tráfico, prevenir accidentes, ordenar la circulación y dar mayor seguridad a los peatones.
Mientras tanto, en Chihuahua seguimos hablando de semáforos que no funcionan.
Y ahí está la paradoja, una ciudad con cientos de miles de habitantes, con un parque vehicular que crece cada año y con cruceros de altísimo riesgo, sigue enfrentando problemas que deberían resolverse con rapidez y coordinación.
Seamos claros, un semáforo descompuesto no es un detalle menor, es tiempo perdido, estrés, embotellamientos, contaminación, daños materiales y, en el peor de los casos, vidas humanas en riesgo.
La pregunta es inevitable: ¿qué hace falta para que las autoridades responsables trabajen verdaderamente coordinadas? Porque al ciudadano no le interesa si el problema corresponde a una dependencia, a otra o si hay un trámite pendiente. Lo único que espera es que el semáforo funcione.
Ojalá llegue el día en que la primera llamada al noticiario ya no sea para reportar un crucero apagado, sino para reconocer que la ciudad tiene un sistema moderno, eficiente y confiable.
Sería una excelente noticia… y significaría que Chihuahua dejó de quedarse mirando mientras otros avanzan.
Bravo a Villa Ahumada por sus semáforos y por sus
“Burritos” así como las autoridades viales de Chihuahua.
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Chin chin el que se raje
Hay frases muy mexicanas que dicen mucho con muy pocas palabras.
“Chin chin el que se raje.”
Pues hoy esa frase les queda como anillo al dedo a quienes han convertido el tema del IMSS en un intercambio de comunicados, videos institucionales y declaraciones a la distancia.
Daniela Álvarez ya puso sobre la mesa un reto, debatir públicamente sobre la realidad del IMSS en Chihuahua. No con boletines, no con videos editados, no con discursos preparados por oficinas centrales. Un debate de frente, con datos, con preguntas y con respuestas.
Y desde aquí hacemos otra propuesta.
La Norteñita 91.7 FM pone todo.
Ponemos el estudio, las cámaras, los micrófonos, la transmisión por radio, Facebook y todas nuestras plataformas. Si hace falta una mesa más grande, también la conseguimos. Lo único que no podemos poner… es el valor de quienes deben aceptar.
La invitación está abierta.
¿Vendrá Zoé Robledo?
¿Le entrará el delegado Julio Mercado?
¿Aceptará el secretario del sindicato?
¿O seguirán respondiendo únicamente cuando tienen oportunidad de grabar, editar y repetir el mensaje una y otra vez?
Porque debatir es distinto, en un debate no existe el botón de “volver a grabar”. No hay oportunidad de borrar una respuesta incómoda, no hay teleprompter, no hay edición, ahí se responde con argumentos… o con silencios.
Y sería una extraordinaria oportunidad para los derechohabientes, que todos los días hacen filas, esperan medicamentos, buscan una cirugía o simplemente quieren saber cuándo llegará el hospital que tanto se les ha prometido.
Aquí no se trata de defender colores partidistas. Se trata de defender a los pacientes.
Así que la mesa está servida.
Micrófonos abiertos.
Cámaras listas.
La audiencia esperando.
Ahora falta ver quién acepta el reto… y quién encuentra cualquier pretexto para no sentarse, y como dice el viejo dicho mexicano… Chin chin… el que se raje.
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La doble factura de la salud.
La mayoría de Morena decidió rechazar una propuesta que buscaba reembolsar a los derechohabientes del IMSS y del ISSSTE el dinero que gastan cuando las instituciones no les entregan los medicamentos a los que tienen derecho.
Lo más grave es que esos medicamentos no son un regalo del gobierno. Ya los pagamos. Se financian con nuestros impuestos, con las cuotas obrero-patronales y con las aportaciones que, mes tras mes, realizan millones de trabajadores y empresas.
Cuando un paciente sale del hospital con una receta, pero sin el medicamento, y tiene que comprarlo de su propio bolsillo, en realidad está pagando dos veces por el mismo servicio. Primero al aportar durante años al sistema de salud y después en la farmacia para adquirir un medicamento que el Estado estaba obligado a entregarle. Eso, en los hechos, termina siendo una especie de doble tributación.
Imagínese contratar un servicio de internet, pagarlo puntualmente cada mes y que la empresa le dijera que no puede darle el servicio, pero que usted lo contrate con otra compañía sin derecho a reembolso. Nadie lo aceptaría. Sin embargo, eso mismo ocurre todos los días con miles de derechohabientes.
Y no hablamos de vitaminas o medicamentos para un resfriado. Hablamos de tratamientos para cáncer, diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares y muchos otros padecimientos donde suspender una dosis puede significar un deterioro grave de la salud o incluso poner en riesgo la vida.
En Chihuahua, además, la inconformidad tiene fundamentos. Somos uno de los estados que más recursos aporta al IMSS gracias a nuestra alta formalidad laboral. Miles de millones de pesos ingresan cada año al sistema. El dinero de los trabajadores sí llega. Lo que muchas veces no llegan son las medicinas.
Cuando incumple un proveedor, hay garantías. Pero cuando el Estado incumple con entregar un medicamento que ya cobraron mediante impuestos y cuotas, la respuesta parece ser: “vaya y cómprelo usted”, eso no es justicia social, es trasladar el costo de la ineficiencia gubernamental al ciudadano.
Porque la pregunta sigue siendo la misma: si los mexicanos ya pagamos esos medicamentos con nuestros impuestos y aportaciones, ¿con qué argumento nos obligan a pagarlos una segunda vez?

