
Alito contra Morena
¿Usted ya se dio cuenta de los pleitos, dimes y diretes y agarrones que traen en estos días integrantes del Gobierno Federal, dirigentes de Morena y sus adversarios? Porque parece que alguien abrió la jaula y todos salieron a darse con todo.
El primero es Alejandro “Alito” Moreno, que prácticamente se quitó el freno de la boca y se lanzó con todo contra Morena y el Gobierno Federal.
¿Pero por qué Alito se fue tan duro? Porque entendió que políticamente ya no tiene mucho que perder. Durante meses ha denunciado una supuesta persecución en su contra, ha enfrentado intentos para quitarle el fuero y ahora hasta le han querido poner límites a lo que publica y dice.
¿Y qué hizo Alito? Exactamente lo contrario: en lugar de bajarle dos rayitas, le subió cinco, y no dejó mucho espacio para las interpretaciones:
“Yo se los digo aquí públicamente, a Morena y a este pinche Gobierno: a mí no me van a callar. Yo no voy a bajar nada de mis publicaciones como senador y el 61 constitucional me protege”. Así, textual.
Alito no solamente decidió mantener sus publicaciones, decidió convertir el pleito en una bandera política, y aquí está lo interesante, está convirtiendo cada golpe que recibe en gasolina. Mientras más lo confrontan, más fuerte habla; mientras más intentan frenarlo, más se presenta como perseguido.
Pero políticamente el mensaje de Alito es mucho más sencillo: “No me van a callar”, eso no significa que todo lo que diga sea cierto, mucho menos que desaparezcan los cuestionamientos que él mismo arrastra, pero encontró una cancha que le acomoda: la confrontación.
Un Alito callado difícilmente revive al PRI, pero un Alito peleando todos los días con Morena, aunque sea a gritos y utilizando palabras que difícilmente encontraríamos en un manual de buenos modales, consigue por lo menos algo que su partido necesita desesperadamente, que vuelvan a hablar de él.
Y agárrese, porque este apenas es el primero de los pleitos.
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Salinas contra Morena
Y cuando todavía no terminábamos de escuchar los trancazos de Alito Moreno, apareció otro que tampoco conoce mucho eso de morderse la lengua, Ricardo Salinas Pliego.
El empresario se dejó ir con todo en X contra Morena y algunos de sus principales personajes. Y aquí sí hay que decirlo, por momentos sus expresiones llegaron al límite, porque una cosa es la crítica política, otra la ironía y otra muy distinta convertir el debate público en una competencia para ver quién insulta más fuerte.
Salinas Pliego entendió algo, cada vez que Morena le responde, le regala exactamente lo que busca… reflectores, y entonces se arma el círculo perfecto, Salinas provoca, Morena contesta, Salinas vuelve a subir la apuesta y las redes hacen el resto.
Lo curioso es que Morena lleva años utilizando palabras durísimas para referirse a empresarios, opositores, periodistas y críticos, pero cuando las palabras vienen de regreso, parece que ya no gustan tanto.
O como seguramente diría el propio Salinas Pliego: “A los de Morena nomás les gustó la mía”.
Y espérese, porque todavía falta el tercer pleito… esto aún no acaba
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Calderon contra Morena
Y si usted pensaba que con Alito Moreno y Ricardo Salinas Pliego ya estaba completa la función, todavía faltaba subir al ring a otros dos.
El tercer pleito fue entre Luis Felipe Calderón Zavala, hijo del expresidente Felipe Calderón, y Citlalli Hernández.
Y aquí sí, señoras y señores, se acabaron las sutilezas.
Citlalli no solamente se metió con Luis Felipe, se fue directamente contra su padre.
“Tu padre es el ser menos querido en México, quizás por eso su abuso de alcohol”, le respondió. Y todavía fue más lejos al señalar que Felipe Calderón debía cargar en su conciencia haber “ensangrentado” al país y haber pactado con un cártel.
Además, comparó el supuesto rechazo hacia la familia Calderón-Zavala con la popularidad de Claudia Sheinbaum y aseguró que para ellos “la rechifla es la constante”.
Hasta ahí usted podría pensar que Luis Felipe Calderón iba a contestar defendiendo a su padre.
Y sí lo hizo, pero no precisamente con pétalos de rosa.
Primero defendió a Felipe Calderón asegurando que fue el único presidente que tuvo el valor de enfrentar al crimen organizado y después respondió a las acusaciones sobre el supuesto abuso del alcohol.
Dijo que su padre cruzó nadando la bahía de Acapulco, pronunció más de tres mil discursos con lucidez y jamás faltó a un compromiso oficial.
Después sacó las credenciales académicas, Licenciado en Derecho, estudios en el ITAM y una maestría en Harvard, como argumentos para rechazar las acusaciones de Citlalli.
Pero entonces Luis Felipe también decidió quitarse los guantes.
La llamó “borrega de la calumnia”, se refirió a López Obrador como el “amo” de Citlalli y terminó con una frase que encendió todavía más la discusión:
“Mejor tráguese sus palabras, aunque no le quepan”.
Y todavía faltaba.
Luis Felipe Calderón acusó a Citlalli Hernández de no contar con cédula profesional y dijo que aun así había llegado al Senado “con primaria trunca”.
¡Tómala!
Y ahí es donde uno termina preguntándose qué está pasando con el debate público en México.
Porque empezamos con Alito Moreno enfrentándose a Morena y al Gobierno Federal; seguimos con Ricardo Salinas Pliego llevando sus expresiones prácticamente al límite; y terminamos con una exsecretaria de Estado hablando del supuesto alcoholismo de un expresidente y con el hijo de ese expresidente respondiéndole con ataques personales.
Unos se quejan de los insultos de los otros, pero cuando les toca contestar tampoco se quedan cortos.
Aquí ya nadie quiere poner la otra mejilla, parece que la nueva regla de la política mexicana es muy sencilla: si me pegas con una palabra, yo te regreso dos, y después todos preguntan quién empezó.

