
EN MEXICO MANDA LA PRESIDENTA
Viernes 21 de agosto, 7:50 de la mañana.
Rubén Rocha Moya decide que 112 días de licencia fueron suficientes y notifica al Congreso de Sinaloa que regresa a la gubernatura.
A las 9:46 de la mañana lo hace público.
Rocha vuelve, y vuelve, aparentemente, sin pedir permiso.
La Secretaría de Gobernación se apresura a marcar distancia, fue una “decisión de carácter personal”. Morena tampoco sabía, y Claudia Sheinbaum, según dijo después, se enteró por el tuit de Rocha.
Qué extraño, un gobernador investigado por la FGR, señalado por autoridades estadounidenses y protagonista de uno de los asuntos políticamente más delicados del país decide regresar a gobernar Sinaloa, y nadie en Palacio Nacional sabía.
Viernes 21. Palacio Nacional.
Pero ese día hay otro ingrediente, la presidenta no encabeza la mañanera, tiene gripe. Una gripe fuerte, con fiebre, según explicaría después.
Y precisamente mientras la presidenta está fuera de escena, Rocha mueve su ficha.
¿Casualidad? Puede ser? Aunque la pregunta verdaderamente importante no es quién sabía que Rocha regresaría.
La pregunta es otra:
¿quién le dijo a Rocha que podía regresar? Y ahí aparece inevitablemente un nombre que oficialmente no aparece por ninguna parte:
Andrés Manuel López Obrador.
No hay evidencia pública que permita afirmar que AMLO ordenó el regreso de Rocha, hay que decirlo claramente, pero políticamente resulta legítimo preguntarse si Rocha creyó contar todavía con la protección, el respaldo o la influencia del hombre bajo cuyo gobierno creció y se consolidó buena parte del poder político de Morena.
Porque Rocha regresó como si alguien le hubiera dicho que todavía podía hacerlo. Y entonces ocurrió algo que quizá no esperaba.
Sábado 22 de agosto.
Claudia Sheinbaum reaparece.
Y manda un mensaje demoledor sin mencionar a Rocha por su nombre: “Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación”.
Habla también de la “ambición desnuda del poder por el poder”, y entonces sucede algo todavía más revelador.
Los morenistas que durante años acompañaron a Rocha empiezan a darle la espalda. Gobernadores. Senadores. Diputados. Dirigentes.
Todos cierran filas, pero ya no alrededor de Rocha.
Cierran filas alrededor de Claudia Sheinbaum.
Ricardo Monreal incluso reconocería que, si Rocha no volvía a separarse del cargo, el Congreso tenía mecanismos para actuar y que ellos respaldarían a la presidenta.
El mensaje estaba enviado.
Aquí hay Presidenta.
Horas después, Rocha vuelve a pedir licencia.
Su aventura dura apenas unas 34 horas.
Pero mientras todos volteábamos hacia Sinaloa estaban sucediendo otras cosas.
Miércoles 19 y jueves 20 de agosto. Argentina.
Omar García Harfuch está en Buenos Aires participando en una conferencia internacional de control de drogas. Y prácticamente al mismo tiempo se concreta el regreso a México del contralmirante Fernando Farías Laguna, señalado como una pieza central de la investigación por contrabando de combustible que ha golpeado políticamente a la Marina.
El gobierno mexicano desistió del procedimiento de extradición y el marino terminó siendo trasladado desde Argentina mediante otra vía jurídica.
¿Harfuch fue por él?
La presidenta dice que no.
Dice que la coincidencia fue una casualidad y que Harfuch “no fue a ese tema”. Otra casualidad.
Y aquí es donde todas estas piezas comienzan a resultar políticamente interesantes.
Rocha regresa.
La presidenta tiene gripe.
Morena se deslinda.
Harfuch está en Argentina.
Regresa a México uno de los personajes de un expediente delicadísimo relacionado con el huachicol fiscal.
Sheinbaum reaparece.
Rocha queda políticamente solo.
Y Rocha vuelve a irse.
Demasiadas cosas en muy pocas horas.
Quizá el verdadero acontecimiento de este fin de semana no fue la salida de Rubén Rocha Moya, quizá fue algo mucho más grande.
Durante años dentro de Morena existió una pregunta que nadie quería formular abiertamente, ¿quién manda realmente, Claudia Sheinbaum o Andrés Manuel López Obrador?
Rocha pudo haber ayudado involuntariamente a obtener una respuesta.
Porque Claudia Sheinbaum no era presidenta cuando se construyeron muchas de las alianzas, compromisos y lealtades que hoy pesan dentro de Morena.
Pero ahora sí es la Presidenta.
Y si Rocha creyó que las viejas relaciones políticas eran suficientes para regresar al poder, el resultado fue exactamente el contrario.
En cuestión de horas Morena tuvo que escoger. ¿Rocha o Claudia?
Y escogieron a Claudia.
Eso no demuestra que López Obrador haya ordenado el regreso de Rocha, pero sí deja abierta una pregunta muchísimo más interesante:
¿Rocha actuó pensando que todavía mandaba el México de López Obrador y terminó descubriendo que ya comenzó el México de Claudia Sheinbaum?
Porque si algo dejó claro este episodio es que la presidenta parece haber decidido que no permitirá dos centros de poder.
Ni dos ventanillas para pedir permiso.
Ni dos presidentes.
AMLO fue Presidente.
Claudia Sheinbaum, les guste o no, es la Presidenta.

