
POBRE MÉXICO, TAN BUENA SU GENTE Y TAN MALOS SUS GOBIERNOS
“Pobre MĂ©xico, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”, decĂa aquella vieja frase atribuida a Porfirio DĂaz, pero quizá hoy habrĂa que actualizarla, pobre MĂ©xico, con tan buena gente y con gobiernos que, sin importar colores ni niveles, simplemente no funcionan.
Porque cambiamos presidentes, gobernadores, alcaldes, partidos, discursos y eslóganes, pero los problemas parecen tener reelección automática.
Hablemos de salud, faltan medicamentos, especialistas, citas y hospitales dignos.
Hablemos de educaciĂłn, escuelas deterioradas, presupuestos insuficientes y jĂłvenes que muchas veces reciben menos oportunidades de las que merecen.
Hablemos de lo más básico, semáforos que no sirven, calles con baches, parques abandonados, fugas de agua, alumbrado deficiente, trámites eternos y oficinas donde conseguir una solución parece favor y no obligación.
Hablemos de seguridad y la respuesta tampoco alcanza, pero Hablemos de corrupciĂłn y ahĂ sĂ sobran ejemplos.
Municipios, estados y Federación podrán echarse la culpa unos a otros. Unos dirán que recibieron un desastre; otros, que no les llegan recursos; los de arriba culparán a los de abajo y los de abajo a los de arriba.
Pero para el ciudadano el resultado es exactamente el mismo: paga mucho y recibe poco.
Ahhhh… pero no vaya usted a deber impuestos, ahà sà aparece el México del primer mundo.
Satélites, sistemas digitales, cruces de información, biométricos, cámaras, inspectores, multas, recargos, notificaciones electrónicas y bases de datos capaces de encontrar hasta el último peso que usted olvidó declarar.
Para cobrar somos Suiza; para administrar, seguimos buscando el expediente.
Y esa quizá sea una de las grandes contradicciones del paĂs, el Estado mexicano ha desarrollado una extraordinaria capacidad para vigilar, fiscalizar y recaudar, pero no ha conseguido que esa misma eficiencia llegue al hospital, al salĂłn de clases, al semáforo, al parque, a la patrulla o a la ventanilla de gobierno.
El problema no es pagar impuestos. Una sociedad necesita hacerlo para funcionar, el problema es pagar como ciudadano de primera y recibir servicios de tercera.
México no carece de gente trabajadora. Millones se levantan temprano, pagan impuestos, sostienen negocios, generan empleos y cumplen con sus obligaciones.
Lo que nos ha faltado demasiadas veces son gobiernos capaces de administrar con la misma intensidad con la que cobran.
Porque para exigirnos obligaciones son extraordinariamente modernos, para cumplir las suyas, curiosamente, todavĂa están en trámite.

