32°

Heroica ciudad de Chihuahua, Chih. México
3 de septiembre 2026
3:35 pm

CAMBIAR AL DIRECTOR DE VIALIDAD NO VA A RESOLVER NADA/ UNA PATRULLA POR CADA 23,000 HABITANTES/ ES UN PROBLEMA DE PRIORIDADES Y DE RECURSOS.

Publicidad

CAMBIAR AL DIRECTOR DE VIALIDAD NO VA A RESOLVER NADA/  UNA PATRULLA POR CADA 23,000 HABITANTES/ ES UN PROBLEMA DE PRIORIDADES Y DE RECURSOS.

Durante días hemos escuchado las quejas contra Vialidad,  que no llegan las patrullas, que los agentes tardan demasiado, que los accidentes colapsan las calles y, por supuesto, que hay que cambiar al director.

Pero después de recabar información y hablar con personas que conocen desde dentro la operación de la corporación, encontramos un problema mucho más grave.

Vialidad de Chihuahua está trabajando con lo mínimo. Y probablemente con menos de lo mínimo, la información obtenida durante este trabajo de investigación nos habla de un parque operativo extremadamente limitado; alrededor de 25 patrullas, 7 motocicletas y 9 unidades beta para atender una ciudad que ya ronda el millón de habitantes.

Aqui empiezan las matemáticas incómodas, tomando como referencia los 937 mil 674 habitantes registrados por INEGI en el municipio y un estado de fuerza que años atrás rondaba los 300 policías viales, estaríamos hablando de aproximadamente un policía vial por cada 3 mil 126 habitantes.

Pero ni siquiera es así, porque los policías trabajan por turnos. Hay descansos, vacaciones, incapacidades, personal asignado a otras funciones y elementos que, simplemente, no están simultáneamente en las calles.

Con las unidades ocurre exactamente lo mismo.

Si nuestra investigación arroja apenas 41 vehículos entre patrullas, motocicletas y betas, estamos hablando, en términos meramente aritméticos, de una unidad por cada 22 mil 870 habitantes.

Y eso suponiendo algo prácticamente imposible: que las 41 estuvieran funcionando al mismo tiempo.

Ahora agreguemos el dato más preocupante obtenido en esta investigación, dentro de la corporación se habla de entre 50 y 70 accidentes diarios.

Si cada accidente puede mantener ocupados a los elementos alrededor de dos horas, estamos hablando de entre 100 y 140 horas-unidad de trabajo todos los días solamente para atender choques.

Entonces comenzamos a entender por qué alguien llama y pregunta:

“¿Dónde está Vialidad?”

Probablemente atendiendo otro accidente.

Aquí es donde debemos dejar de buscar soluciones fáciles.

¿QUITAMOS A CÉSAR KOMABA?

Quítenlo. Mañana nombren a otro.

Y pasado mañana tendremos exactamente el mismo problema.

Un nuevo director no fabrica patrullas, no multiplica agentes, no compra motocicletas con su sueldo y tampoco puede cubrir una ciudad de casi un millón de habitantes con recursos insuficientes.

El problema ya no parece ser solamente de dirección. ES UN PROBLEMA DE PRIORIDADES Y DE RECURSOS.

Y entonces aparece inevitablemente la Torre Centinela.

Mientras Chihuahua ha destinado miles de millones de pesos al proyecto de Plataforma Centinela, tecnología, cámaras, drones, centros de mando y una enorme infraestructura de seguridad, en las calles de la capital encontramos una Policía Vial que, de acuerdo con la información recabada, batalla por algo muchísimo más elemental:

gente y patrullas.

No estamos diciendo que Chihuahua no necesite tecnología, claro que la necesita, lo que preguntamos es algo mucho más sencillo:

¿DE QUÉ SIRVE TENER OJOS PARA VER TODA LA CIUDAD SI NO HAY SUFICIENTES MANOS PARA ATENDER LO QUE ESOS OJOS ESTÁN VIENDO?

Una cámara puede detectar un accidente. Una plataforma puede registrarlo. Una computadora puede ubicarlo. Una torre puede recibir la información, pero al final alguien tiene que subirse a una patrulla y llegar al lugar, y si no hay patrulla disponible, no hay tecnología multimillonaria que haga milagros.

Por eso la responsabilidad también tiene que mirar hacia arriba, si quienes encabezan la corporación han solicitado más personal, más unidades, más capacitación y mayores recursos, entonces habrá que preguntar qué respuesta han recibido de sus superiores y por qué Vialidad llegó a este nivel de precariedad operativa.

Porque resulta muy cómodo culpar al último eslabón. Al agente porque no llegó. Al comandante porque no mandó una unidad. Al director porque “Vialidad no funciona”, pero quizá llevamos demasiado tiempo mirando al lugar equivocado.

El verdadero problema puede no estar sentado en la oficina del director de Vialidad, puede estar mucho más arriba, en las oficinas donde se decide a quién sí se le da presupuesto y a quién se le pide que haga milagros con lo que tiene.

Así que antes de pedir otra cabeza, primero pongamos patrullas en las calles, contratemos agentes, capacitemos, modernicemos semáforos, demos herramientas, y después exijamos resultados.

Porque cambiar al director sin cambiar las condiciones es solamente cambiar al hombre que conduce un vehículo al que desde hace años le estamos negando gasolina.

Y así qué , se llame Komaba o se llame como se llame, nadie va a llegar muy lejos.

Publicidad
Compartir
Facebook
Twitter
WhatsApp