Lo que brilla es que los usuarios deben contar con diferentes alternativas de movilidad y tener la posibilidad de decidir libremente qué servicio utilizar, de acuerdo con sus necesidades, seguridad y economía.
Lo que huele son los diversos amparos y propuestas que han llegado al Congreso; la cosa sigue así, como si nada.
Lo que apesta es que, mientras el sueño de algunos se queda en el congelador, algunos conductores de plataformas se enfrentan a retenciones de vehículos o licencias, mordidas exorbitantes por parte de la Guardia Nacional y, a veces, según reportan, abuso de fuerza.
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