
H. Cd. de Chihuahua.- Las barbas de más de un funcionario en México deberían ponerse en remojo tras las declaraciones del fiscal estadounidense Todd Blanche. Con la frialdad de quien guarda un as bajo la manga, Blanche anticipó que lo que hemos visto hasta ahora es solo el prólogo de una larga serie de investigaciones y acusaciones contra políticos mexicanos. Parece que el sistema de justicia del país vecino ha decidido que su pasatiempo favorito para este 2026 será desempolvar expedientes y señalar con el dedo índice a quienes, desde sus despachos públicos, olvidaron de qué lado de la ley deben estar.
La advertencia de Blanche no es un rumor de pasillo, sino un aviso de marejada para quienes pensaban que la distancia o el cargo los hacía intocables ante la mirada del Tío Sam. Sin dar nombres aún —guardando el suspenso digno de una serie de suspenso criminal—, el fiscal dejó claro que el flujo de información y testigos protegidos está alimentando una maquinaria judicial que no planea detenerse. En este juego de ajedrez binacional, las piezas políticas en México empiezan a sudar frío, sabiendo que cuando la justicia estadounidense lanza un “vaticinio” de este calibre, es porque las esposas ya tienen grabados nuevos destinatarios en el calendario.
(En Blanco y Negro)

