
H. Cd. de Chihuahua. En una de esas declaraciones que solo él sabe soltar para sacudir el tablero del deporte y la política, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, puso en duda la economía del espectáculo futbolero. Con el Mundial 2026 a la vuelta de la esquina —ese torneo que compartirá sede entre México, Estados Unidos y Canadá—, el mandatario estadounidense lanzó un dardo directo a los precios de las entradas, asegurando con su característico estilo que él no pagaría las sumas que se están manejando para ver los partidos.
Mientras la FIFA se frota las manos con la preventa y los paquetes de hospitalidad que alcanzan cifras estratosféricas, el inquilino de la Casa Blanca dejó claro que, bajo su visión de negociador, el valor de los boletos parece haber perdido el piso. Esta crítica no solo es un golpe a la cartera de los organizadores, sino un mensaje para los millones de aficionados que hoy se preguntan si ver a sus selecciones es un sueño o una pesadilla financiera. En un mundo donde el fútbol se ha vuelto un lujo de pocos, Trump se pone la camiseta del crítico financiero, recordándole a los dueños del balón que ni el hombre más poderoso del mundo está dispuesto a pagar sobreprecios por 90 minutos de juego.
(En Blanco y Negro)

