
H. Cd. de Chihuahua.- En este México de contrastes que marean, nos llenamos la boca diciendo que somos una potencia mundial en agroexportaciones, mientras convenientemente ignoramos que el 87.2% de quienes doblan el lomo en el surco son informales.
Es casi una broma de mal gusto que nuestras frutas y verduras adornen las mesas más exclusivas del mundo, pero que los jornaleros que las cosechan no tengan ni para una aspirina en el IMSS o el derecho a una jubilación que no sea la muerte.
Parece que el “milagro agrícola” mexicano se alimenta de una estructura de esclavitud moderna disfrazada de competitividad, donde el éxito se mide en dólares de exportación y la miseria se oculta bajo el sombrero de millones de trabajadores que para el sistema simplemente no existen.
(En Blanco y Negro)

