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Esta semana se conmemora el Día Mundial de la Hipertensión Arterial, y vale la pena detenernos un momento a reflexionar sobre una enfermedad que muchas veces avanza en silencio, pero que afecta a miles de familias chihuahuenses.
Seguramente conoces a alguien que “toma medicamento para la presión”, o quizá tú mismo has escuchado frases como: “traigo la presión un poco alta”. El problema es que muchas personas normalizan esta condición sin saber que la hipertensión arterial puede convertirse en un riesgo importante para la salud si no se controla a tiempo.
La hipertensión arterial ocurre cuando la fuerza con la que la sangre circula por nuestras arterias es más alta de lo normal. Con el paso del tiempo, esta presión constante puede dañar vasos sanguíneos, corazón, riñones e incluso el cerebro. Por eso se le conoce como el “asesino silencioso”, ya que muchas veces no presenta síntomas hasta que aparecen complicaciones más graves.
En México, alrededor del 30% de la población adulta vive con hipertensión. Sin embargo, en Chihuahua las cifras son todavía más preocupantes: estudios y encuestas nacionales reportan prevalencias cercanas al 37.4%, colocándonos por encima de la media nacional.
¿Y cuáles son las complicaciones?
Infartos, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia renal, problemas visuales y daño cardiovascular crónico son algunas de las consecuencias más frecuentes cuando la presión arterial no se controla adecuadamente.
Existen factores de riesgo que no podemos modificar, como la edad o la genética. Pero hay otros que sí están en nuestras manos: el sobrepeso, el estrés, el tabaquismo, el exceso de sal, la mala alimentación y, sobre todo, la falta de actividad física.
Aquí es donde el ejercicio toma un papel fundamental.
La actividad física regular es una de las herramientas más económicas, accesibles y efectivas para prevenir y controlar la hipertensión arterial. Cuando hacemos ejercicio, el corazón trabaja de manera más eficiente, mejora la circulación y disminuye la resistencia de los vasos sanguíneos, ayudando a reducir los niveles de presión arterial.
Caminar, nadar, andar en bicicleta o realizar ejercicios de fuerza moderada al menos 150 minutos por semana puede generar beneficios importantes. Incluso pequeñas caminatas diarias ayudan a romper el tiempo sedentario y favorecen la salud cardiovascular.
Además, el ejercicio también ayuda a controlar el peso corporal, mejorar el sueño y reducir el estrés, factores directamente relacionados con la presión arterial.
Como profesional en Ciencias de la Cultura Física, quiero enfatizar algo importante: no necesitamos esperar a enfermarnos para comenzar a cuidarnos. El ejercicio no debe verse únicamente como tratamiento, sino como una estrategia de prevención y calidad de vida.
Porque al final, la salud del corazón no depende de una pastilla milagrosa, sino de los hábitos que repetimos todos los días.

