
H. Cd. de Chihuahua.- La violencia que se respira en las zonas boscosas del estado volvió a reclamar víctimas, esta vez en el municipio de Madera, donde una pareja fue alcanzada por el brazo largo y sangriento del crimen organizado. Los cuerpos, que presentaban múltiples impactos de bala, quedaron como un mudo testimonio de que en la sierra la ley la dictan los calibres gruesos y no los códigos penales.
Es la misma historia que se repite entre los pinos: el estruendo de las ráfagas que rompe el silencio, los sicarios que se esfuman entre las brechas y las autoridades que llegan solo para acordonar el terreno y levantar los casquillos que quedaron como confeti de muerte. Mientras la fiscalía intenta ponerle nombre a los fallecidos, en el pueblo queda ese sabor amargo de saber que, en Madera, la vida se puede ir en un abrir y cerrar de ojos si te cruzas en el camino equivocado de quienes se creen dueños de la montaña.
(En Blanco y Negro)

